Por Teresa Piossek Prebisch
San Miguel fue incendiada hasta los cimientos, pero renació para prosperar con gran brío, transformándose en una pequeña gran ciudad. Paso obligado entre el Río de la Plata, Paraguay, Chile y el Alto Perú, el movimiento de gente proveniente de distintas regiones del Virreinato era por entonces muy dinámico. Llegó a ser un importante centro que vivía de la actividad mercantil y de la producción agropecuaria de su campo, dividido en grandes estancias. Se explotaban los bosques naturales y productos silvestres como miel, añil y cochinilla. Se cultivaba maíz, trigo, lino, algodón y frutales. Se criaba ganado mayor y menor, gran parte del cual se vendía en el Alto Perú … La ciudad alcanzó su mejor momento entre la última década del siglo XVI y las tres primeras del XVII y el hecho que da la pauta de su importancia es que en 1612 el deán Francisco de Salcedo proyectó fundar en ella una casa de altos estudios… No sucedió así porque la suerte de la ciudad estaba cambiando por influencia de dos factores que amenazaban la continuidad de su progreso,
Uno era que, a fines de 1565, se había fundado la ciudad llamada Cáceres de Esteco, junto al río Salado, al sur de Salta, lo que favoreció la frecuentación de un nuevo camino que pronto competiría con el de la Quebrada del Portugués… El otro factor era que San Miguel se había con vertido en el centro de construcción de carretas más importantes del Virreinato del Perú, lo cual, a la larga, no la favoreció.
* Fragmento del texto de la autora que integra el Libro del Bicentenario.